Por Natalia Toledo Jofré
Licenciada en Letras
Licenciada en Estética
Pamela Jiles (junto con María Olivia Mönckeberg y María Eugenia Camus) escribe en 1986 “Crimen bajo estado de sitio”, texto sobre la muerte de tres profesores militantes del PC: José Manuel Parada, Santiago Nattino y Manuel Guerrero. Este es un ejemplo de la oposición política y la confrontación de Pamela que publica un texto de estas características en plena dictadura militar. ¿Herencia hereditaria, x, y, xy? Enigma.
Ximena Jiles (junto con Edda Gaviola, Lorella Lopestri y Claudia Rojas) escribe en 1986 “Queremos votar en la próximas elecciones: historia del movimiento femenino chileno 1913-1952”. http://www.memoriachilena.cl/mchilena01/temas/documento_detalle.asp?id=MC0023803. Sí, nosotras. El libro recopila el proceso de conquista del voto femenino en Chile. Sí, oposiciones de género en Chile. El texto es considerado como parte fundacional de la nación, fundación de luchas, peleas, confrontaciones y mujeres ciudadanas, ¡al fin!
Ambas jiles, son nietas de Elena Caffarena; sí, la de las pantys. Pero Caffarena está lejos de las modelos y de las exposiciones (no de las de arte), sino de las mujeres o más bien sus partes: piernas, muslos, etc. No, nada de eso tiene que ver con Caffarena. ¿Paradoja?
Caffarena parece heredarle a sus nietas Jiles cierta revolución que éstas han expresado mediante su escritura, su hablar, contestar, decir. Dicen que Caffarena se casó con un comunista (de esos bien comunisteros, diría el Divino AntiCristo de Lastarria); dicen que ya era abogada por ahí por 1926 (una de las primeras 15 juristas de Chile), cuando sólo en 1877 el mal llamado decreto Amunátegui nos había dejado estudiar en la Universidad; dicen que fue una de las fundadoras del MEMCH (Movimiento pro Emancipación de la Mujer Chilena, http://www.memch.cl/) en 1935, uno de los movimientos de mujeres más antiguos en Chile; dicen que Caffarena logró el voto femenino en Chile, pero que no pudo hacer uso de su derecho producto de la ley maldita (que le prohibió votar a los comunistas).
“Yo me convertí en feminista porque soy femenina, porque me identifico con las mujeres. Y sobre todo porque creo en la justicia” (E. Caffarena. Sí, la de las medias, esa misma).
Justicia: “Una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece” (RAE).
Porque no se puede hablar de democracia sin incluirnos...¡¿obvio?! ¿Qué es lo que nos pertenece? Para Caffarena era evidente que el ser ciudadanas incluía el derecho a voto para las mujeres; para otros, eso nunca fue un derecho femenino. Es difícil hablar de ciudadanía femenina cuando solo hace unos meses cierto tribunal decidió que nuestro cuerpo no nos pertenecía y vetó la píldora del día después en consultorios (¡Pero ojo! Solo no pueden decidir sobre sí mismas las mujeres de escasos recursos...) La marcha, la bella marcha en protesta sobre esta decisión, que poco tiene de democrática, fue un nuevo asalto al poder. Nadie esperó tanta gente luchando por lo que efectivamente nos pertenece y que, en el caso de las mujeres, tanto trabajo nos ha costado obtener: el poder de decidir sobre nosotras mismas.
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