domingo, 1 de junio de 2008

Hacia una revolución efectiva


Por Gargamel

Prácticamente la totalidad de los estados en el mundo se han forjado a partir de fuertes revoluciones sociales que movilizan a un grupo que reúne características determinadas hacia la toma de algún terreno, del poder por sobre otro grupo, hacia la guerra. Como consecuencia, todas las naciones se configuraron a partir de luchas de poder, en donde se hacía efectiva la victoria del grupo más poderoso, del que se sentía que sus derechos de raza, poder y superioridad debían hacerse valer por sobre los grupos inferiores. La victoria del grupo superior por sobre el otro implicaba, además, la subyugación de este último e incluso su desaparición.
No es de extrañar, pues, las ansias que aún se observan en nuestros ciudadanos de luchar por conseguir lo que se desea, de manifestarse activamente y de la división natural en grupos de intereses diferentes. Ciertamente es bastante complejo repartir un espacio vital limitado con miles de personas que no elegimos como compañeros. Pero debemos hacerlo. Debemos hacer valer nuestros derechos y manifestar nuestros intereses pero siempre y cuando respetemos los derechos e intereses de nuestros conciudadanos. Este constituye un punto crítico a la hora de congregar a una movilización. Muchos creen que pueden tener el derecho de movilizar e interrumpir el espacio común por el simple hecho de considerar justa su causa, causa además compartida por un colectivo no menor, pero ciertamente no representativo de toda la población.
Justicia. Históricamente hemos podido constatar que este significante es el lema de absolutamente todos los bandos civiles, políticos y militares. Luchamos por la justicia en países que se han configurado mediante la injusticia, por la guerra, por la muerte de muchos, por la victoria de un grupo que derrotó a otro, muchas veces, simplemente porque su tiempo ya lo había dejado atrás. Todos los indígenas precolombinos proclamaron justicia y fueron derrocados por el engaño. Hoy en día parece inconcebible que un grupo conquiste de esta forma a otro, ya que supuestamente conocemos el globo en su totalidad. Sin embargo, el engaño persiste y el proceso de conquista también. Es cosa de abrir los ojos.
Bolívar también proclamó justicia, mediante el deseo de que nos configurásemos como una gran superpotencia a la altura del espacio gobernado por Roland Mcdonald. Proyecto frustrado. Quizás debido a la geografía, a la gran diferencia de intereses, al oro que genera ambiciosos y esclavos… tal vez debido a una injusticia intrínseca. No obstante Bolívar fue un revolucionista visionario, capaz de observar los defectos y las virtudes de su magno proyecto.
Bello proclamó justicia. Educación para todos. Chile no sería la nación que es sin la victoria del proyecto del dios con minúscula de la primera institución formadora de grandes hombres (de acuerdo a la cosmovisión sexista de la época) de Chile. Universidad republicana y laica. Laica por sobre todas las cosas. ¿Republicana? En la actualidad, ¿realmente se oye la voz de la población estudiantil? Una cosa es que los dejen tomarse el espacio. Otra muy diferente es que la Institución obre a favor del estudiantado. Apelando a las sensibilidades de nuestros compañeros, ¿cómo es la relación profesor-alumno en dicho espacio de formación profesional? ¿Cómo se respeta la voluntad de quienes no deseen formar parte de los movimientos tan característicos de dicho espacio? Parece que el proyecto republicano, laico y justo tambalea a la hora de analizar las verdaderas prácticas.
La voluntad de este gran revolucionario aún se hace notar. Chile es un país que se configura en torno a la fuerza laboral y educacional. Si no estudias no existes. ¿Qué harás después de cuarto medio? ¿Qué harás después de la Universidad? ¡¡¡¿Cómo?!!! ¡¡¡¿No trabajas?!!! Inconcebible. Claro que esto no se encontraba en las intenciones de Bello. Sus palabras fueron intencionalmente malformadas por el discurso neocapitalista. ¿Acaso Hernán Büchi no es coincidentemente el tocayo de Hernán Cortés? Ambos llevaron a cabo sus ambiciosos proyectos pompeyizando la vida de chilenos y precolombinos, respectivamente. Sin embargo, tal como los cuerpos petrificados de la mítica ciudad romana, las huellas de los caídos no serán borradas.
En la actualidad, observamos que los estudiantes secundarios proclaman fervorosamente por justicia. No obstante, considero que, a diferencia de Bello y Bolívar, los pingüinos tienen en contra todo el discurso histórico posmoderno, transmoderno o hipermoderno que merma de base la formación de proyectos comunes. Ya no se desea formar estados. No poseemos el espíritu revolucionario. Bajo el alero neocapitalista se desea orden, estabilidad. Conceptos que en el discurso de la Presidenta se traducen como paz y justicia, igualdad para TODAS y TODOS, sin sexismos, que quede claro. Bajo esta cosmovisión, ¿cómo es posible formar una revolución efectiva?



7 comentarios:

Unknown dijo...

Bueno Gargamel, he leido tu articulo, y con la mente ingenierial que tengo, te puedo dar la siguiente opinion, no con mucho fundamento la verdad, pero si en general creo ke tienes razon.

Ahora, pensando en como esta construido el pais en esta epoca, no esta como para hacer muchos cambios... seguir la corriente nomas, lamentablemente.

¡Haber si pronto podemos hacer un frente revolucionaro para cambiar este pais! ¡que harto mal que esta!

Saludos.

Anónimo dijo...

Hola Gargamel!.
No se por donde empezar...
Para comenzar, las alabanzas: me parece excelente expandir este tipo de ideas mediante un blog, al igual que en facebook (¿instrumentos del neocapitalismo?) y en general, me parece bien la mezcla entre actualidad e historia para lograr explicar tus contenidos.
Ahora las críticas: por lo menos para mi -que soy profesor de historia- la revolución es un concepto absolutamente manejado a través de la historia, y en nuestros tiempos es imposible plantear una idea subversiva sin que estén asociados algunos partidos políticos como el mal llamado "PC". Por otra parte, me parece que "el pueblo" no está interesado en una revolución, está mas interesado en poder sobrevivir a las alzas, impuestos y a subsistir con los míseros sueldos que lamentablemente otorgan tanto las instituciones públicas como las privadas-empresariales. Esto sin olvidar que me parecería raro que el común de la gente quiera una nueva revolución, aunque sea al modo del "vino tinto y empanadas" que proponía Allende, porque seguramente volverían los fantasmas de una guerra civil, tal como ocurrió en las proximidades de septiembre de 1973. (RO-REX)

Cinthya dijo...

Bio y Anónimo: muchas gracias por su tiempo y sus comentarios. Bio, creo que existen vías para hacer algún tipo de cambio, aunque sea mínimo...
Anónimo: me parece muy acertada tu opinión con respecto a los intereses del pueblo y también de que extrañamente nos comunicamos por medio de estas herramientas propias del orden imperante... a ver qué se puede hacer al respecto... reitero mis agradecimientos!

szunkov dijo...

Un par de comentarios tal vez pertinentes:
-Afirmar que “prácticamente la totalidad de los estados en el mundo se han forjado a partir de fuertes revoluciones sociales” es un poco fuerte. De todos modos, esta bien como primer baldazo de agua fría sobre la testa del lector. Pero, en espíritu de sana y constructiva crítica, me animo a disentir. Suponemos que hablamos de estados modernos. No veo que en el mundo antiguo o medieval haya sido este el proceso de constitución y afirmación de los estados. Más bien ha sido el derecho divino, la delegación del poder celestial en el poder temporal lo que ha dado legitimidad y unidad a los cuerpos políticos. Es recién con la modernidad, con las primeras reformas liberales en Holanda en el siglo XVII, y con las revoluciones norteamericana y francesa casi comenzando el siglo XIX que la revolución social tiene su lugar en la historia. Antes de eso, las revueltas populares, sociales, o como quisieramos denominarlas, tenían un papel subsidiario, y carecían de programa; más que revolución, eran reacción. En aquellos lindos tiempos, la legitimidad no se desprendía tan alegremente de la legalidad, sino de la divinidad. Disputar esa legitimidad no estaba en las coordenadas de ningún actor social relevante. Es más, es discutible incluso la idea de “actor social.”
-Un hecho curioso: las revoluciones triunfantes, las que conformaron y siguen conformando el mundo en el que vivimos, han sido despiadadamente efectivas al momento de evitar cualquier “revolución” que cuestionara sus “bases revolucionarias.” A guisa de ejemplo, pensemos en la revolución norteamericana, que tanto fascinó a Alexis de Tocqueville, a Hannah Arendt, o a nuestro sudamericano Domingo Sarmiento. Una vez producida, establecida, constituida y legitimada su revolución, los norteamericanos se dedicaron a aplastar cualquier intento serio de revolución en todo el mundo. Los portaaviones con capacidad para desplegar su poderío militar en pocos días en cualquier parte del planeta da cuenta de que revolución hay y habrá una sola (más allá de si nos guste o no la Cuba de 1959, el Chile de 1970, la Argentina de esos años con la guerrilla urbana más numerosa de occidente, o la Nicaragua de 1979, el hecho del solo cuestionamiento a la hegemonía y legitimidad norteamericanas han producido fisuras irreconciliables en el interior de nuestras sociedades y enfrentamientos descarnados pero velados con la potencia del norte) La revolución francesa, entre tanto, no hizo mas que aplastar cualquier intentona revolucionaria durante el siglo inmediato posterior a su advenimiento: allí las revoluciones de 1848, o la represión que tuvo lugar en Paris cuando la guerra franco prusiana, con los obreros tomando las calles para defender una republica que había sido entregada al enemigo por la burguesía vernácula. Hablar de las revoluciones en América latina a lo largo de estos últimos 200 años excedería este espacio que pretendía ser breve, y ya no lo es.
De todos modos, aclaro que el artículo me gustó, y que pone en discusión realidades presentes y por venir en nuestras conflictivas e inequitativas sociedades sudamericanas.

Anónimo dijo...

Me parece muy pertinente el comentario de szunkov: siempre hay que ampliar un poco las perspectivas y evitar las frases tajantes que reducen los procesos históricos a acontecimientos generalizables a todas las sociedades y épocas. Si bien creo que el artículo es interesante y abre espacio para un contingente debate, me parece que la pregunta final es inadecuada: más que tener el ojo en la mira de la pregunta acerca de cómo formar una revolución efectiva, habría que comenzar por preguntarse la legitimidad y el fondo de la revolución. La revolución como fin en sí mismo no conduce a nada: los cambios sociales son necesarios, y ciertamente necesitan de estos procesos para lograrse, pero siempre hay que considerar los trasfondos ideológicos subyacentes. Creo que las protestas y paros ininterrumpidos en Chile son la causa de su escaso impacto. Habría que coordinar mejor las motivaciones y realizar un movimiento más poderoso y representativo con fundamentos claros y un programa definido. Los avances logrados por los pingüinos el año 2006 (derogación de la LOCE) se han diluído porque ahora todos los estudiantes se han "colgado" de la causa inicial de esa protesta para exigir sus propias y poco justificadas demandas.

Cinthya dijo...

Estimados lectores cada vez más críticos: como Gargamel que me creo, me siento completamente halagada de sus reparos. Por ello, no puedo dejarlos abandonados en un post sin respuesta. Estoy de acuerdo con que resulta clausurante aplicar una totalidad a los procesos históricos. No obstante, sí estoy a favor de las frases duras y directas, no para valdear a lectores, sino porque no compatibilizo con el rodeo románico tan característico de nuestra lengua. Abogo por la presición, entiendase una presicion que sea capaz de contener el contenido principal. En cuanto a esta frase, faltó presición, por cierto. Por ello, me remito a lo que mi mentecilla delimitó como revolución social: movimientos en donde gran parte de la población participa hacia un fin en común en contra del orden imperante en su civilización o en otra. Por ello, partí desde las civilizaciones precolombinas, en donde una civilicación ataca directamente a otra, la conquista e impone su orden social por sobre el otro. Me declaro rica en carencias en cuanto a la historia del globo en su totalidad, por lo que no tengo más que agradecer los aportes de SZK. Por otro lado, pienso que, al igual que Salazar & Pinto (1999), la Legitimidad que el pueblo le otorga al Estado ha sido arrebatada, lo que constituye un peso más en contra de un posible movimiento social. Además, considero que los numerosos movimientos sociales que acontecen en este minuto a nuestro país son producto de ese arrebato de la participación de la sociedad, del arrebato de la Legitimidad. Eso me permite la presición. Muchas gracias por abrir esta discución. Sus aportes permiten la retroalimentación tan descartada en un ambiente posmoderno. Los espero en la próxima edición. Saludos cordiales, Gargi.

Anónimo dijo...

Interesante texto, acompañado de algunos buenos comentarios. Creo que la revolución efectiva no apunta precisamente a la idea de revolución que estamos acostumbrados, sino a la necesidad de un cambio que necesariamente debe buscar otras vías, dado que nos encontramos en contexto social y político muy distinto al de la segunda mitad del siglo xx.
creer que la única revolución es la cubana, me parece que es no tener amplitud de mente.
por otro lado, cito szv:
"Suponemos que hablamos de estados modernos. No veo que en el mundo antiguo o medieval haya sido este el proceso de constitución y afirmación de los estados"
Muy bien dicho, el único problema es que el concepto de estado es una idea netamente moderna que no es aplicable al mundo antiguo ni al medieval, que se movían bajo otras formas de organización social.
atte
M.