Por María Antonieta Vergara Carreño
Licenciada en Letras
Profesora de Lenguaje de enseñanza media
Hace unas semanas tuve que reemplazar a un colega que se encontraba de viaje con su curso y tuve que hacer ‘clases’ de fracciones propias e impropias tratando de resolver las dudas de los niños desde la semántica y no desde las matemáticas. Uno de los niños me preguntó (de la nada) si alguna vez yo había participado en las protestas estudiantiles, y la respuesta fue: ‘claro que sí…la primera vez que los pingüinos salieron a la calle (en democracia), esa vez también salí yo’. En ese entonces, año 2001, nadie nos llamaba pingüinos ni hijos de la democracia, sin embargo, logramos nuestra meta con varias marchas y varios días de paro.
Pero desde el año 2006 los pingüinos de ahora pusieron en la famosa Agenda Pública la necesidad de revisar con urgencia el sistema de educación del país, con una fuerza que resurge todos los años durante los primeros meses. Estas manifestaciones representaron una victoria para todos; el país por completo estuvo del lado de los estudiantes. Con ello se logró que los estudiantes formaran parte del Consejo Asesor Presidencial para la Calidad de la Educación. Luego vino la LGE, las promesas de la Presidenta y una vez más, las demandas de los estudiantes hasta el día de hoy.
Pero ¿qué es lo que los estudiantes del 2008 demandan?
Hoy, un poco alejada de lo que son los estudiantes, al estar desde el otro lado tratando de hacer que la educación y la vida social y cultural de mis propios estudiantes sea cada día mejor, redescubrí que los noticieros nuevamente informan de tomas en los liceos emblemáticos, de destrucción de propiedad pública, de marchas y, obviamente, de más demandas. Sin embargo, no lograba llegar al foco de estas demandas: ¿será el pase escolar otra vez? ¿el Transantiago? ¿la LGE? En sí, mis preguntas no estaban tan erradas; las demandas han sido las mismas desde hace varios años:
*Fin a la municipalización
*Fin al sistema de subvenciones
*Pase escolar Único y Nacional
*Tarifa escolar gratuita los 365 días del año
*Fuera la Ley General de Educación (LGE) del Parlamento
Antes estas demandas, quién podría decir que los estudiantes están errados. Algunas, sin embargo, son irrealizables porque implican gastos que, según lo que creo, el Estado no tiene por qué financiar (por ejemplo, la tarifa escolar gratuita).
Claro que los temas más importantes guardan relación con el fin a la municipalización, el sistema de subvenciones y la eliminación de la LGE. Ante esto, me parece muy cierto lo que el ministro Vidal dijo hace unos días y es que los estudiantes no pueden decidir en la sala, a mano alzada, qué sistema es mejor para nuestro país. Pero es probable que tampoco lo puedan hacer los Senadores, a mano alzada, en el Congreso. En este sentido, lo complejo tiene que ver con que los cambios sociales no pueden hacerse desde la ley y reformar la educación es una reforma social. La ley funciona dentro de un sistema jurídico, que presenta en sí una epistemología y, en el caso de las leyes sobre educación, es un “modelo extra-pedagógico que se impone a lo pedagógico” (Arzola 1995, 27).
Los estudiantes están bien enfocados; ellos son los involucrados, pero también los profesores estamos involucrados, al igual que aquellos que se están ocupando, desde las universidades, de analizar la educación.
El problema puede radicar en que, como plantea José Joaquín Brünner, “Chile tiene los recursos, el potencial y la gente para lograr resultados y efectos similares; sin embargo, la investigación y las aplicaciones prácticas del mundo educacional parecen correr por un carril separado”. Como profesora, sigo confiada en que para nuestra nación en vías de desarrollo la educación es un medio para superar la pobreza y la desigualdad social. Pero, como país, no podemos pretender importar proyectos “exitosos”, sino contextualizar, mirar la realidad, mirar quiénes somos y a partir de eso buscar formas de mejorar la educación que nos permitan disminuir la brecha económica y cultural existente.
Burbuja: Estudiantes en dictadura.
“Yo estudiaba en el pedagógico y cuando entré no estaba el portero, estaban los milicos” (un tío me contó).
A mediados de los ochenta irrumpieron los escolares a protestar, un hecho inédito en Chile hasta ese entonces. Esto es retratado en el documental chileno “Actores secundarios”, que nos permite recuperar parte de una memoria muchas veces bloqueada por los medios de comunicación “oficiales”. Las conexiones resultantes entre aquellas protestas y las actuales pueden resultar muy interesantes. El contexto histórico y social ha cambiado, pero los sueños e ideales plasmados en corazones jóvenes, idealistas y románticos siempre siguen intactos.
*Tarifa escolar gratuita los 365 días del año
*Fuera la Ley General de Educación (LGE) del Parlamento
Antes estas demandas, quién podría decir que los estudiantes están errados. Algunas, sin embargo, son irrealizables porque implican gastos que, según lo que creo, el Estado no tiene por qué financiar (por ejemplo, la tarifa escolar gratuita).
Claro que los temas más importantes guardan relación con el fin a la municipalización, el sistema de subvenciones y la eliminación de la LGE. Ante esto, me parece muy cierto lo que el ministro Vidal dijo hace unos días y es que los estudiantes no pueden decidir en la sala, a mano alzada, qué sistema es mejor para nuestro país. Pero es probable que tampoco lo puedan hacer los Senadores, a mano alzada, en el Congreso. En este sentido, lo complejo tiene que ver con que los cambios sociales no pueden hacerse desde la ley y reformar la educación es una reforma social. La ley funciona dentro de un sistema jurídico, que presenta en sí una epistemología y, en el caso de las leyes sobre educación, es un “modelo extra-pedagógico que se impone a lo pedagógico” (Arzola 1995, 27).
Los estudiantes están bien enfocados; ellos son los involucrados, pero también los profesores estamos involucrados, al igual que aquellos que se están ocupando, desde las universidades, de analizar la educación.
El problema puede radicar en que, como plantea José Joaquín Brünner, “Chile tiene los recursos, el potencial y la gente para lograr resultados y efectos similares; sin embargo, la investigación y las aplicaciones prácticas del mundo educacional parecen correr por un carril separado”. Como profesora, sigo confiada en que para nuestra nación en vías de desarrollo la educación es un medio para superar la pobreza y la desigualdad social. Pero, como país, no podemos pretender importar proyectos “exitosos”, sino contextualizar, mirar la realidad, mirar quiénes somos y a partir de eso buscar formas de mejorar la educación que nos permitan disminuir la brecha económica y cultural existente.
Burbuja: Estudiantes en dictadura.
“Yo estudiaba en el pedagógico y cuando entré no estaba el portero, estaban los milicos” (un tío me contó).
A mediados de los ochenta irrumpieron los escolares a protestar, un hecho inédito en Chile hasta ese entonces. Esto es retratado en el documental chileno “Actores secundarios”, que nos permite recuperar parte de una memoria muchas veces bloqueada por los medios de comunicación “oficiales”. Las conexiones resultantes entre aquellas protestas y las actuales pueden resultar muy interesantes. El contexto histórico y social ha cambiado, pero los sueños e ideales plasmados en corazones jóvenes, idealistas y románticos siempre siguen intactos.
3 comentarios:
Hola a todos:
Buenísima revista, es bueno que profesionales jóvenes llenos de ideales vengan a renovar la reflexión degastada de los mismos personajes de siempre, que, muchas por su condición de político se sienten con la autoridad de opinar de todo, sin tener formación en los temas, y sin la sensibilidad de una juventud que mira la sociedad en forma crítica y con la fuerza de los ideales.
Yo también soy profesor de matemáticas, bachiller en filosofía, ingeniero civil industrial, y ahora estudiando teología..... aún con todo dicha formación (que es básica) creo que la realidad contextual es la principal fuente de nuestras soluciones (así como lo es de nuestros problemas), sólo hay un personaje que ilumina desde siempre, Dios, esperemos que nos ayude y nos de fuerza para caminar juntos como país hacia una realidad más justa, fundamentalmente en la educación que es la base de la construcción.
Un abrazo Anto.
Francisco Sepúlveda
Gracias Pancho por el comentario.
Un tremendo abrazo para ti.
Anto
me sumo a las alabanzas por vuestro proyecto.
de lleno al tema. creo que, si bien, los estudiantes tienen el corazón en el lugar correcto, fallan en las viciadas medidas de "presión" como lo son el paro y la toma. solo se estan ganando clases en lo que les corresponde como vacaciones. mediaticamente son tratados como "los niños traviesos", nadie se entera de sus propuestas y/o peticiones.
En lo personal, como profe, me ha tocado estar en liceos en jornadas de reflexión o como les llamen. Y los chicos demuestran su ímpetu, pero a la vez su inexperencia e, incluso, su ignorancia.
Peticiones absurdas e idilicas son las de mayor adhesión. Populistas podría llamarlas alguien con menos preocupación por los intereses naturales de los adolecentes.
Necesitamos jóvenes preocupados por generar un cambio, pero a la vez deben ser jóvenes con ideas nuevas, que puedan generar manifestaciones originales y, necesariamente, mejores en lo mediático.
Tomarse el liceo, hoy por hoy, pasa por "capeo" de clases y nadie pregunta realmente ¿por que lo hicieron? perdiendo totalmente el sentido de la protesta como tal.
Las soluciones nunca van a ser fáciles u obvias, por lo que se necesita esa sangre jóven, entusiasta y soñadora, que genere cambios. Creo que los movimientos estudiantiles actuales, dotados en motivación, carecen de imaginación y caen en recursos más bien romanticos. Se quiesieran una dictadura con la que pelear.
Chicos, hoy todos queremos lo mismo, quiza mejorando el diálogo y no cerrando las puertas con sillas y mesas lo logremos.
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